El Culto a Moloch

Los primeros cultos pre-cristianos mantenían un carácter ritualístico y ceremonial que al analizarlo con ojos actuales, retratan terribles formas de adorar a los Dioses. En este caso, profundizaremos en el Culto a Moloch, el Dios Toro que adorado por Fenicios, Canaanitas (primeros hebreos) y Cartagineses por igual, que exigía un holocausto de niños recién nacidos para ser devorados por las llamas sacrifícales.

Moloch era representado como un ser antropomórfico con cabeza de toro y cuerpo de hombre, simbolizaba el fuego purificador, un elemento que traía consigo la paz a las almas que lo adoraban. En todas sus representaciones el Dios presenta algún objeto que denota su condición de rey, ya sea mediante la incorporación de un báculo, una corona o un trono.

Fue conocido por distintos nombres (Molek, Milcon) y es mencionado en la biblia en distintos pasajes:

“Entonces Salomón hizo construir un gran edificio para Quemos, la abominación de Moab, en la montaña que hay frente a Jerusalén, y Milkom, la abominación de los hijos de Ammon.” – Primer Libro de los Reyes 11.7

“Y no entregarás a nadie de tu descendencia a Molech, ni profanarás el nombre de tu Dios: yo soy Yahvé.” – Levítico 18.21

Gold Moloch

 Foto por John Singer 

En los templos donde se celebraban los rituales de adoración a Moloch, una estatua de bronce hueca era el núcleo del evento. La figura siempre se encontraba con los brazos extendidos a modo de recibimiento, esperando la ofrenda aunque existieron distintos tipos de iconografía aplicada, en algunas Moloch tiene la boca abierta, en otras, su pecho.

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La música comenzaba a sonar, sacerdotes hacían sonar sus trompetas, tambores y címbalos para crear un ritmo frenético que dotaba de mística la escena. Dentro de la estatua se encendía el fuego, un fuego que se alimentaba constantemente durante el ritual por los ayudantes del templo.

Así comenzaba el Molk, el ritual de adoración donde se sacrificaba a los recién nacidos bajo las llamas purificadoras del Dios. El sacerdote supremo subía unos escalones hasta llegar a la altura de las manos de bronce, allí depositaba al bebé, y mediante un sistema de cadenas articulaban los brazos hacia la boca u orificio en la estatua, siendo el pequeño devorado por las llamas.

Gracias a las crónicas escritas sabemos que los familiares de los bebés sacrificados tenían prohibido llorar durante el ofrecimiento del holocausto, y se narra uno de los más grandes sacrificios, ocurrido cuando Agatocles se alzó victorioso sobre Cartago; debido a la derrota los nobles cartagineses asumieron que habían ofendido a Moloch, por lo que decidieron sacrificar a sus propios hijos en forma de compensación divina. Sacrificaron 200 niños de las familias más influyentes de Cartagena. Los relatos menciona cómo la estatua de Moloch estaba al rojo vivo por la cantidad de tiempo que se mantuvo encendida, e inclusive los soldados que sitiaban la ciudad se acercaron a las murallas para presenciar el macabro espectáculo, atraídos por el resplandor del fuego y el olor a carne quemada.

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 La música tapaba los llantos de los infantes antes de ser arrojados al fuego

Cartago fue una de las principales ciudades adoradoras de Moloch, considerándolo protector y deidad suprema de la región. El culto se extendió gracias a los fenicios por varias regiones mediterráneas, llegando a lugares de la península Itálica. Griegos y Romanos lo llamaban Cronos y Saturno respectivamente, y las ofrendas de niños en llamas son descritas en distintas menciones históricas.

Testimonios de historiadores que presenciaron  los sacrificios:

“Había en la ciudad una imagen de bronce de Cronos con las manos extendidas, las palmas hacia arriba y cada niño que era colocado en ellas era subido y caía por la boca abierta dentro del fuego.” – Diodoro Sículo (Diodorus Siculus) (20.14)

“Al ver venir al Sumo Sacerdote de Moloch vestido de túnica púrpura, color de pureza, le pregunté cuál es el origen del culto. Me contestó que en los tiempos primordiales hubo una gran catástrofe y hoy en día, si no fuera por los sacrificios para fertilizar la tierra, serían piedras lo que se encontrase en ella. Entonces, en medio de una plataforma había una estatua de Cronos, con las manos extendidas sobre un brasero de bronce, las llamas que engullen a los niños. Cuando las llamas alcanzan el cuerpo, sus miembros se contraen y la boca abierta casi parece reír, hasta que el cuerpo contraído se desliza resbalando al fondo del brasero. Así es que esta mueca se conoce como risa sardónica, puesto que ríen al morir.” – Cleitarchus (Comentario en la República de Platón)

“Antes de que la estatua fuese llenada se inundaba la zona con un fuerte ruido de flautas y tambores, de modo que los gritos y lamentos no alcanzaban los oídos de la multitud.”Plutarco (De Superstitiones, 171)

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 Representación de un Molk (Ancient Giants: Origin of All Pagan Mystery Religions – Babylon – Vol 1 of 3)

Los adoradores fueron conocidos como Moloquitas, y con el tiempo se fueron alejando de la religión Hebrea hasta que perdió fuerza con la entrada del cristianismo temprano. En la edad media, el nombre de Moloch se adhirió en la demonología oficial, considerado como un demonio que provoca el llanto de las madres al robarle sus hijos.

A pesar de la superstición cristiana sobre esta antigua deidad, sus cultos fueron evidencia de un tiempo marcado por fuego y sangre, donde las ofrendas requerían algo más representativo que un cordero: la esencia y la pureza de los neonatos.

Autor Nikos Gemidopoulos