Los Benders: carniceros de Osage

Considerados los primeros asesinos seriales de la historia reciente, dieron rienda suelta a sus crímenes en 1873 con patrones bien específicos que aterrorizaron a la tranquila comunidad de Osage. Muchos de los eventos relacionados a esta macabra familia oscilan entre el folklore y la realidad, teniendo la mayor parte de datos gracias a los periódicos de la época.

Una nueva vida en el oeste

 

Luego de una Guerra Civil que diezmó y separó la población de Estados Unidos, el gobierno americano decidió trasladar a los indios Osage del Condado Labette (Kansas) a los nuevos territorios indios que posteriormente se convertirían en la actual Oklahoma. Debido a esta acción de re-planificación social, los antiguos territorios Osage quedaron vacantes para una nueva camada de colonos dispuestos a hacer una vida de cero.

En 1870 cinco familias de espiritualistas se trasladan dentro de la despoblada región. Una de ellas son los Benders, inmigrantes europeos con ciertas peculiaridades; en un principio John Bender y su hijo John Bender Jr. registran 65 hectáreas de tierra y construyen su cabaña sobre el “Gran Camino Osage” la principal y única vía de salida para todos los que viajaban al oeste.

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 El Condado de Osage en la actualidad (Foto Osage Police Department)

Luego de levantar el recinto principal, los dos hombres construyen un granero con corral y pozo de agua. Ya en el otoño de 1871 Kate Bender y su hija Kate llegan a su nueva vivienda, dividiendo su interior en dos recintos por un telar. La parte trasera de la cabaña servía de dormitorio para la familia, y la delantera, que poseía una mesa y una cocina formaba parte de los servicios que ofrecían a los viajeros: almacén de productos secos, comida al paso y para los más cansados la estadía al mejor estilo posada.

Con la llegada de las mujeres Bender se cultivó en el fondo casi una hectárea de vegetales, acompañados por un manzanal.

 

Los Benders

 

Como mencionamos anteriormente la familia estaba constituida por cuatro miembros, el mayor de todos, el papá Bender tenía un aproximado de sesenta años y hablaba muy poco inglés. Testimonios de la época mencionan que cuando hablaba su voz gutural y mal acento hacían que fuese inentendible poder charlar con el hombre. Su esposa, Kate rondaba los cincuenta y cinco años, también era ajena al idioma y era conocida por los vecinos, gracias a su mal carácter, como “la diabla”. John Bender Jr. era un joven de veinticinco años, considerado apuesto para las mujeres de la época. Tenía un buen uso del inglés, aunque no podía evitar un leve acento alemán. En el pueblo usualmente se le consideraba “medio retardado” por su risa fácil y descontrolada. Finalmente estaba la joven Kate, de veintitrés años, atractiva, simpática, culta y la que mejor se entendía con el idioma. Se autoproclamó curandera, vidente y psíquica, ofreciendo a los pasantes y vecinos sesiones de espiritismo o de curación de males. Su reputación aumentó al realizar charlas sobre espiritismo, y era considerada como una predicadora del amor libre.

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 Retratos de la familia.

Los expertos en la familia Bender no logran situar su origen, muchos creen que papá Bender era de origen alemán u holandés, sin embargo se cree que sólo los hombres de la familia nacieron en Europa y que no estaban relacionados de sangre. La falta de documentación y constancia de nacimiento de John Bender Jr. así lo demuestra. Según los periódicos contemporáneos, la señora Bender habría nacido en Almira Hill Mark, teniendo relaciones previas de las cuales procreó un total de doce niños.

Los vecinos declararon que los hijos Benders no eran hermanos sino esposos, pero nunca pudo desmentirse ni comprobarse.

 

Muertes y desapariciones en Osage

 

En mayo del mismo año que las mujeres Bender llegan a asentarse, aparece el cuerpo de un hombre llamado Jones en Drum Creek. Su cráneo se encuentra aplastado y su cuello degollado de lado a lado. El propietario de Drum Creek es retenido como sospechoso, pero ninguna acción es tomada contra él por falta de pruebas. En febrero de 1872 los cuerpos de dos hombres también son hallados con las mismas heridas mortales que Jones. Ya en 1873 los reportes de personas desaparecidas en el área comienzan a hacer que las personas y viajeros eviten transitar por el camino, estigmatizándolo como un trayecto lleno de villanos y ladrones de caballos. Comités de vigilancia recorren los caminos arrestando sospechosos por las desapariciones, pero ninguno es retenido por la justicia mucho tiempo a falta de evidencia sólida.

Buscando al Dr. York

 

En el invierno de 1872, George Newton Longcor y su pequeña hija Mary Ann partieron de Independence, Kansas para establecerse en Iowa. Nunca llegaron a destino. En la primavera del año siguiente, su antiguo vecino el Dr. William Henry York salió en su búsqueda al enterarse que nunca había arribado en Iowa. A través del Gran Camino Osage cuestionó habitantes y viajeros hasta llegar a Fort Scott en Kansas. El 9 de marzo comenzó su regreso a Independence sin tener las respuestas que buscaba, pero tampoco llegó a su destino.

El doctor York tenía dos hermanos, el coronel Ed York, quien vivía en Fort Scott y Alexander M. York, miembro del Senado del Estado de Kansas por la Independencia. Ambos conocían el itinerario del viaje de su hermano, y cuando se enteraron que nunca regresó a su hogar, comenzaron su búsqueda.

El Coronel York llevaba consigo cincuenta hombres armados, que interrogaron a todos los colonos del camino. El 28 de marzo del mismo año, el coronel llega a la posada de los Benders explicándole a esa familia que su hermano se había perdido rumbo a casa. La familia admitió que el doctor había permanecido un tiempo con ellos pero sugirieron que pudo haber tenido problemas con los indios de los alrededores. York tomó esa teoría como posible y siguió su búsqueda no sin antes cenar con los amables Benders. El 3 de abril York regresa a la posada con sus hombres armados, al ser informado que una mujer salió corriendo de allí luego que la mamá Bender la amenazara con un cuchillo. Esto llamó la atención del coronel, que a la hora de interrogar a la matrona se encontró con que ésta no hablaba inglés y los jóvenes negaban dicha afirmación. Luego de insistir la señora Bender entró en cólera y dijo en perfecto inglés que la mujer había despreciado su café y ordenó a York y sus hombres retirarse de su propiedad. Antes de partir la joven Kate le pidió al coronel que regresara el viernes por la noche para cenar con ellos, a modo de suavizar la tensión y utilizar sus habilidades de vidente para encontrar a su hermano. Los hombres de York estaban convencidos que los Benders y sus vecinos, los Roaches eran culpables de la desaparición de su hermano. Pidieron permiso para colgarlos inmediatamente pero York mantuvo la compostura ya que aún no contaba con la evidencia necesaria.

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 Voluntarios en las excavaciones póstumas (Foto: Kansas State Historical Society)

En paralelo, las comunidades vecinas comenzaron a acusar a los habitantes de Osage como responsables de las desapariciones que se venían dando hace dos años. Ya cansados de vivir con miedo decidieron hacer una reunión la escuela Harmony Grove, convocada por el municipio Osage. La reunión fue concurrida por setenta y cinco locales, incluidos el Coronel York y los dos hombres Bender. Luego de discutir la más reciente desaparición del doctor York se decidió obtener una orden de búsqueda para registrar todas las casas desde Big Hill Creek hasta Drum Creek. A pesar de las sospechas hacia la familia Bender nadie montó vigilancia en su cabaña.

Tres días luego de la reunión del pueblo, Billy Tole trasladaba ganado por el camino principal y al pasar por la cabaña de los Benders se percató que estaba abandonada y el ganado sin alimentar. Tole comunicó la desaparición de la familia al síndico del municipio pero debido al mal tiempo no pudieron acercarse a la cabaña en el momento. Varios días después el síndico llamó a varios voluntarios y cientos de individuos aparecieron junto al Coronel York para investigar la morada de los Benders.

 

 El hallazgo

 

Lo primero que encontraron fue la cabaña completamente vacía de comida, ropas y artículos personales. Un fuerte olor apestaba el establecimiento, y llevó a los hombres hasta una trampilla en el piso oculta por una de las camas y sellada con clavos. Luego de forzarla encontraron un cuarto vacío a casi 2 metros de profundidad. En el fondo se podían ver manchas de sangre coagulada. Algunos hombres descendieron con mazos, rompiendo la losa en búsqueda de cuerpos, pero no encontraron nada. Asumiendo que estaban enterrados bajo cabaña, movieron la estructura físicamente y comenzaron a excavar sin suerte alguna. Esto dio comienzo a la búsqueda de cuerpos con varas de metal por el fondo de la casa, donde las mujeres tenían su huerto. A pocas horas dan con el primer cuerpo, el del doctor York, estaba enterrado boca abajo y con sus pies apenas ocultos de la superficie.

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Stetch realizado por el Harper’s Weekly mientras cubría la notica

Las excavaciones continuaron a luz de velas hasta la medianoche, llegando a nueve cuerpos enterrados en las inmediaciones. A la mañana siguiente ocho cuerpos más fueron encontrados en otras fosas. Un cadáver fue encontrado en el pozo de agua junto a partes de cuerpos cercenadas.

Todas las víctimas a excepción de una tenían sus cabezas destruidas por un martillo y sus gargantas cercenadas de oreja a oreja. No tardó en aparecer el cuerpo de una pequeña niña que no presentaba los típicos signos de tortura, por lo que se especula que murió asfixiada o enterrada viva; se trataba de la pequeña Mary Ann.

Dentro de la cabaña se encontró un libro de oraciones romanos católicos, con notas escritas en alemán. Las traducciones póstumas revelaron datos como: “Johannah Bender, nacida 30 de Julio de 1848”, “John Gebhardt vino a América el 1 de Julio de 18XX” “Día de gran carnicería, 8 de enero”.

Las noticias sobre los homicidios se propagaron rápidamente, llegando a la cabaña más de tres mil curiosos, incluidos reporteros de Chicago y Nueva York. La cabaña de los Benders fue destruida por cazadores de suvenires, que tomaron hasta los ladrillos y maderas como recuerdos y artículos de colección macabra.

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 Fotografía de la cabaña de los Benders (Foto: Kansas State Historical Society)

El Senador del Estado Alexander York (hermano del difunto) ofreció recompensa de $1.000 (actualmente equivale a $19.686) para la captura de la familia.

Los arrestos comenzaron semanas después del descubrimiento de los cuerpos, mayoritariamente vecinos y relacionados con la familia como cómplices. Así lo demuestra el caso de Mit Cherry, miembro del comité de vigilancia, al que se le acusó de falsificar una carta haciéndose pasar por una de las víctimas, anunciando a su familia que había llegado sano a Illinois.

Detrás del telón

 

Las distintas conjeturas y teorías sobre el modus operandi de los Benders nos brindan un poco de luz sobre los siniestros actos cometidos en la cabaña. Cuando un huésped o pasante se disponía a comer, era sentado en la silla de honor, posicionada sobre una trampilla que daba al sótano. A la espalda de la víctima se situaba el telón que dividía ambas habitaciones, donde John Bender o su hijo permanecían ocultos con un martillo en la mano, esperando el momento adecuado para asestar el golpe. Durante la comida, la joven Kate distraía a la persona con su encanto y temas de conversación interesantes hasta que daba la señal y la víctima sentía un golpe fuerte y seco en el cráneo, muchas veces esparciendo partes del cerebro por la mesa. El golpe de gracia lo daba la señora Bender, que con una cuchilla degollaba al agonizante individuo sobre la mesa, para luego tirarlo por la trampilla directamente hacia la oscuridad del sótano.

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Sketch del método de asesinato de los Benders

Allí abajo, se desvestían a los cadáveres y le quitaban todos los objetos de valor. Posteriormente eran enterrados en el huerto de la propiedad. La mayoría de las víctimas no eran de orígenes pudientes, y sólo pocos tenían consigo una riqueza considerable en el momento de ser asesinados, es por eso que se especula que los asesinatos eran por la emoción de cometerlos, y no por la búsqueda de dinero fácil.

Algunos testimonios de personas que habían pasado a comer en lo de los Benders reflotaron y ayudaron a las autoridades a tener una escena más clara de los actos cometidos en esa cabaña.  Uno de ellos, el de William Pickering, menciona que se reusó a sentarse de espaldas a la tela porque tenía manchas y no quería ensuciar su ropa, ante la negativa la joven Kate lo amenazó con un cuchillo, motivo que hizo que Pickering escapara rápidamente. Un sacerdote católico mencionó que durante una visita a la cabaña vio como uno de los hombres Bender ocultaba un martillo en su ropa, lo que provocó que el hombre se despidiera antes de lo pensado.

El perito policial encontró más de una docena de agujeros de bala en el techo y sectores específicos de la cabaña, presuntamente disparos realizados por las victimas mientras forcejeaba con sus homicidas.

Tras el rastro de los Benders

 

Un grupo de detectives siguió las huellas del vagón utilizado por los Benders para escapar, pero dieron con él en un estado de abandono en los límites de la ciudad de Thayer, 19 kilómetros al norte de su cabaña. Se confirmó que en Thayer la familia compro pasajes en el Leavenworth, Lawrence & Galveston Railroad con destino a Humboldt. Al llegar a Chanute, los jóvenes Benders tomaron un tren hacía el condado Red River en Texas. Desde allí viajaron a una colonia de forajidos entre Texas y Nuevo México. En esa región los cazadores de recompensas no solían ingresar, ya que la naturaleza violenta y hostil se encargaba por si sola de los recién llegados.

Un detective afirma que siguió a la pareja hasta la frontera, donde encontró que John Jr. había muerto de apoplejía. Los mayores de la familia no bajaron en Humboldt y siguieron rumbo al norte de Kansas, donde se cree que compraron pasajes para St.Lous en Missouri.

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 Voluntarios excavando en búsqueda de los cuerpos  (Foto: Kansas State Historical Society)

Allí se pierde el rastro de la familia, con el tiempo distintos grupos de vigilantes se adjudicaban haber capturado y matado a los Benders en distintas circunstancias y ubicaciones, pero nadie fue a reclamar la recompensa (que en esos momentos había subido a $3.000), lo que deja en duda la veracidad de estas hazañas.

Quince años siguió la búsqueda por encontrar a los asesinos de Osage, pero nunca se tuvo la certeza ni el cuerpo de ninguno de los partícipes para comprobarlo.  Lo más probable es que los Benders hayan encontrado su final en el anonimato, con un legado criminal inédito para la época que le otorgó el nefasto título de los sangrientos Benders.

Autor Nikos Gemidopoulos


Fuentes:

Wikipedia (EN)


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