Stanley R. Mickelsen: Vestigios de la Guerra Fría

La Guerra Fría llevó a las naciones en cuestión a implementar todo tipo de estrategias defensivas ante posibles ataques enemigos. Un legado de ese periodo aún puede verse hoy en día en Dakota del Norte, siendo una reminiscencia de una época llena de miedo e incertidumbre.

Este complejo militar abandonado en Nekoma, North Dakota llama la atención por una estructura piramidal gigantesca, con cuatro círculos en cada uno de sus caras, recreando visualmente una visión distópica de un futuro que no llegó a concretarse.

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 Desolador paisaje digno de una novela de ciencia ficción (Foto por M.E.Hubbs)

Su historia nos remite a 1975. Construida bajo el programa de defensa Safeguard, cuyo propósito era tener una suerte de escudo anti-misiles para evitar los famosos ICBM (Intercontinental Ballistic Missile) de los soviéticos.

En este complejo de la red Safeguard, también se puede encontrar antenas, radares y una artillería compuesta por misiles Spartan y Sprint, ambos con objetivos bien diferenciados.

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 Un futuro en el pasado (Foto por Library of Congress)

Digamos que la Unión Soviética lanzaba misiles atómicos a Estados Unidos; primero los satélites espías americanos detectarían vía infrarrojo los propulsores de los ICBM. La señal se transfería a los radares y antenas de los complejos Safeguard, alertando de la proximidad del ataque y marcando como blancos las distintos tipos de amenazas.

En estos momentos se lanzan los misiles Spartan de largo alcance, cubriendo una distancia segura entre el objetivo de los soviéticos y el punto de impacto para detener los misiles.

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 La pirámide reflejada en la piscina de refrigeración ya seca (Foto por Library of Congress)

Si los Spartan fallaban, era momento de lanzar los Sprint de corto alcance. Ambos misiles poseían cabezas nucleares, los primeros de 5 megatones y los segundos de 1 kilotón. Su objetivo no era derribar los ICBM, sino hacerlos detonar en la atmósfera lo antes posible. Sin embargo los Sprint ya serían utilizados como último recurso, cuando los misiles enemigos ya se encontraran a una distancia que pone en peligro a la población civil.

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 El esqueleto metálico de la pirámide  (Foto por Library of Congress)

Sobre las consecuencias de una detonación sobre una ciudad poblada el programa Safeguard nunca realizó declaraciones. Esta red de escudos anti-soviéticos estaba pensada para tener tres complejos, uno en Missouri, otro en Montana y finalmente, el único que completó su construcción, en Grand Forks, North Dakota.

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 El complejo abandonado con sus silos de misiles y radares (Foto por M.E.Hubbs)

El complejo Stanley R. Mickelsen estuvo activo solamente un año, de 1975 a 1976 y nunca fue utilizado como se pensaba. Costó, 46 millones de dólares, que según se calcula por la inflación del gobierno, unos 200 millones de dólares actuales.

Política y moralmente insostenible, el programa debió cerrarse para enfocarse a misiles sin explosivos nucleares que neutralicen cualquier amenaza ajena al país.

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Esta pirámide nos recuerda sobre una oscura era donde las potencias armamentísticas no velaban por la seguridad del ciudadano común, sino que preveía ataques a grandes escalas sacrificando de ser necesario miles de personas. Un “mal menor” dirían los autores intelectuales de estas construcciones, que hoy ven el paso del tiempo con fría ironía.

Autor Nikos Gemidopoulos


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