Las Torres del Silencio

Caminamos por los páramos alejados de la India cuando sentimos que el aire comienza a dibujar retazos dulces. A la distancia vemos una estructura que corta el horizonte con promesas de eternidad. Al acercarnos el olor se vuelve más fuerte y grandes buitres sobrevuelan el mausoleo gris. En ese momento entendemos de qué se trata… somos bienvenidos en las Torres del Silencio.

La antigua y casi olvidada religión zoroástrica (que abordaremos la próxima semana) prevalece en algunas regiones de la India y cuenta con interpretaciones en Irán y en los pueblos Parsis.

Una de sus tradiciones más importantes es que consideran el cadáver humano como algo impuro y corrupto que no debe mezclarse con los elementos más importantes de su religión como lo son el fuego y la tierra. Es por eso que el enterramiento no se aplica al ritual funerario zoroástrico.

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  Antigua foto de un Dakhma. La presencia de los buitres crea un pasaje desolador.

Todo lo que toca el cuerpo muerto es corrompido; su ropa, sus pertenencias, el agua con el que se lava, las personas que lo tocan e inclusive el fuego que se podría utilizar para incinerar los restos. Esto significa que el proceso para purificarlos es complejo y sagrado.

El ritual en las Torres del Silencio comienza cuando el cadáver es bañado y purificado con orina de toro. Una vez limpio el cuerpo es analizado por un Saglid, un especialista en determinar, junto a su perro, si el cadáver se encuentra realmente purificado o si aún mantiene ciertas energías negativas.  En caso de volverse a encontrar rastros de maldad, el cuerpo vuelve a ser lavado.

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 Torre del Silencio en Yazd, Irán (Autor Petr Adam Dohnálek)

Una vez que el cuerpo se encuentre en el estado óptimo de limpieza, se traslada hacia el Dakhma o Torre del Silencio, una edificación sagrada cuyas puertas sólo abren durante el día y que pueden ser visitadas por algunas personas selectas.

Consta de tres círculos concéntricos, cada uno para depositar los cadáveres de niños, mujeres y hombres. Allí se dejan para que la naturaleza se encargue de limpiar los cadáveres. Los buitres comienzan a acercarse al sitio, para comer la carne que poco a poco se va degradando. La luz solar constante y las lluvias sirven para secar y lavar los huesos de todo resto orgánico, proceso que puede llevar meses.

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 Restos esperando ser descompuestos por la naturaleza

Según la tradición del zoroastrismo, sólo de esta forma las almas de los difuntos pueden llegar al otro plano. Este proceso quiso ser prohibido durante la ocupación británica del siglo XVIII y XX, pero no lograron terminar con los rituales.

Hoy en día aún se pueden encontrar estas torres albergando los cuerpos de cientos de personas adeptas a la religión del Sol en distintas partes del mundo; muchas de ellas abandonadas son atracciones turísticas dignas de ser visitadas.

Autor Nikos Gemidopoulos


Fuentes:

Fotos: Socks-Studio


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